¿Se puede consumir o tomar sacarina en el embarazo? Descubre sus efectos en la salud del feto y si en realidad es o no saludable comerla en la gestación.

La sacarina es uno de los edulcorantes artificiales más consumidos, utilizado habitualmente en una gran diversidad de alimentos, bebidas refrescantes y –sobretodo- en productos bajos en calorías. De hecho, es común encontrarla en el etiquetado de muchos productos alimenticios bajo el código E-954 (en este caso, como aditivo alimentario o alimenticio).

No en vano, muchos nutricionistas aconsejan su consumo en personas con problemas de hipoglucemia (es decir, bajas cantidades de azúcar en la sangre) o con diabetes, dado que es un buen sustituto del azúcar común al no causar cambios bruscos en la glucosa.

Sacarina en el embarazo

No obstante, a pesar de ser un edulcorante cuyo consumo sí está permitido en la mayoría de los países, en la actualidad existe mucha controversia en lo que se refiere a la seguridad de su consumo.

Un ejemplo de ello es si es posible o no consumir sacarina en el embarazo, sobretodo si una madre consumidora habitual de este edulcorante artificial puede en realidad seguir añadiéndola o no en su alimentación a lo largo de la gestación.

Como manifiestan muchos nutricionistas, el riesgo sólo existiría cuando la mamá consume muchísima sacarina, ya que al bebé le costaría muchísimo eliminarla, de forma que se puede acumular en la vejiga del bebé y ser un aumento del riesgo de padecer cáncer de vejiga. Por otro lado, las investigaciones llevadas a cabo hasta el momento no han podido comprobar que el consumo de sacarina por parte de la madre embarazada cause problemas congénitos en el feto.

En cualquier caso, como ocurre con la mayoría de alimentos, un consumo limitado y pequeño de sacarina no causaría riesgos en el bebé.

Imagen | slopjop

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